Puede que muchos piensen que es un complejo de Edipo al saber que mi padre murió cuando era pequeña, pero la verdad no me importa lo que los demás piensen, yo lo único que hago es contar como fue.
El primer día de clase en séptimo curso de primaria fue el día en que mi perdición fue asegurada. Algo cursi les parecerá pero la verdad, ni me importa. Yo, la niña de doce años, Punk, anarquista, la odiada por todos, todos me llamaban loca por no pensar lo que todos pensaban. Bueno, aquí les traigo una noticia: No soy como ustedes. Mis sufrimientos van desde mi mejor amiga muerta, hasta el intento de suicidio, sólo por ver si la esperanza es cierta.
Él y sus ojos celestes me cegaron a tal punto que ya no podía ver, ni siquiera a mi misma. Era una desconocida la que se ponía mi ropa cada mañana, ser discreta había dejado de existir en mi vocabulario, sentía la necesidad de compartir lo que me pasaba hasta que la masa se alimentó de mi inocencia. Intente llamar su atención dándole la negativa a sus peticiones, contradiciéndole en lo que él decía sobre la esperanza y hasta terminé negando la existencia de Dios, con tal de que él me pusiera un poco de atención.
Mi colegio era de estricta formación religiosa por lo tanto tuve problemas por ello. Él me delató, claro. Todo el mundo sabia de mi enamoramiento por no llamarlo de otra forma. Yo fui quien se lo confesó, llamando a la puerta de su casa donde vivían con sacerdotes y personas que hicieron voto de virginidad como él.
Al principio no me creyó, pero sus ojos denotaron algo cuando noto que lo decía con sinceridad. Su cara se puso roja, ruborizándose hasta lo profundo. Después de ello yo seguí presumiendo. Él me delató al instante, cosa que no pude comprender en ese entonces, sentía que le había dicho algo muy personal.
Ese mismo día intente suicidarme. Antes me raspé su nombre en la pierna y cada corte era una letra de su nombre. Luego intente asfixiarme y luego colgarme hasta que mi madre llegó y el intento de suicidio no fue consumado. Mi madre se preocupo y tuvimos una discusión muy fuerte con golpes y gritos.
Desde ese día por más que lo amaba, el que no me correspondiera no era lo que me molestaba, sino que este amor creciera cada día y más… y más. Los intentos de suicidio siguientes fueron porque ya no soportaba este amor, era demasiado intenso y mi corazón era incapaz de resistirlo.
Un día, nos fuimos de retiro espiritual y le hice una prueba, porque a mi no me importaba que no me amara si no me importaba que me recordase. En una hoja de cuaderno suelta escribí su nombre y el mio en un corazón e hice que mi compañera fingiera habérmelo sacado y mostrárselo. El sonrió mirando más allá del cielo y preguntó “¿Por qué le revisas las cosas?” Pero no importo y dijo: “Ella siempre estará aquí ( señalo su corazón con la palma)” Esa fue la prueba más importante que le hice.
Después pase por su casa un domingo y fingí desmayarme y no acordarme de nada. Un policía me preguntó mi nombre y todo sobre mí. Él llegó en ese momento les dijo mi nombre y me instó a recordar y me dijo ” Recuerda la promesa que me hiciste”. Y la verdad me sorprendí que recordara eso, pues yo le había dicho, escribiéndoselo con lápiz en un trabajo, que nunca lo olvidaría y que aunque ya no lo molestaría siempre pensaría en él, cada día.
Tiempo después, mi madre me comunicó la expulsión del colegio. Llorando porque me había delatado, corrí a su casa que se encontraba al lado del colegio. Afortunadamente se encontraba él, me dijo que no pudo evitarlo. Entonces fue cuando él rozo sus labios contra mi mejilla como solía hacerlo antes de que supiera que yo estaba enamorada de él ( él siempre se despedía así de sus alumnos). Yo giré la cabeza y nuestros labios se cruzaron, él no se apartó esos 10 segundos fueron eternos y luego me fui.
Así es como mis sueños se desgarraron, como todo por lo que había luchado se fue a la basura. Y no me importó. Daría todo por no olvidar nunca lo que paso ese año.

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