ENAMORADA DE UN CHICO CON NOVIA

Yo también estoy enamorada de un chico. Es el primero por el que siento amor. Lo más curioso de esto es que con todo lo que ha pasado debería odiarlo.



Mi historia comienza así. Entré de nuevo ingreso a una escuela. Era normal que tratara de socializar y así. lo hice, y así. lo conocí. Recuerdo el momento a la perfección, siempre lo recuerdo a él.

Pasaron los días, lo agregué a las redes sociales, que si se llaman “redes” es por que te amarran sentimentalmente a alguien. Entonces empezó todo: un hola, después un te quiero, un te amo. Así fue nuestra primer cita, el primer beso.

Pero él tenia novia y, ante todo, ese fue el error. Yo fui el plato de segunda mesa, su segunda opción, lo que recurriría si ella no estaba. ¿Y qué más da? El era lo que quería.

Pasó el tiempo, con lo cual concluyeron siete meses a su lado. Pero volví a cambiarme de escuela, y eso provoco una enorme discusión entre nosotros, dejamos de hablar.

Así pasaron cuatro meses. Nos volvimos a topar, en las redes sociales. Al saber de el me entere que llevaba más de un año y 10 meses con su “novia”.

¿Y lo que pasó conmigo? Porque sus ojos no pueden mentir. Cuando estaba a mi lado era feliz.

Quité cualquier cosa que pudiera relacionarme con él, para no saber mas de él, para superarlo, olvidarlo, dejarlo ir.

Pero no puedo evitar recordarlo: hasta lo mas simple de él, su cabello, como me encantaba que fuera el pretexto perfecto para tocarlo, para relajarlo, después su cara, la cual también me encantaba tocar; sus ojos, la forma en la que me veía con ellos era una forma con la que nadie mas me verá, tal vez con deseo mas que con amor; su nariz, besar su nariz, su sonrisa, verla podía alegrarme en cualquier día, en cualquier situación; sus labios, el mejor remedio de mi vida; su cuello perfecto para tomarlo y besarlo; su espalda, perfecta para tocarla lentamente… y tentarlo; sus hombros, fuertes para cargarme; sus manos, perfectas para mi… exactamente para entrelazarlas con las mías; su pecho, era lo mejor, recostarte sobre él y escuchar su corazón, y -más allá de eso- su poder sobre mi, su manera de manipularme, de hacerme sentir bien y mal, de tentarme, de tocarme y, sobre todo, su forma de lo que se supone quererme.







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